Para Skysurfer: Conspiración en las sombras del Peñón
(Esto es pura ficción y tiene un tono más humorístico que asesino. No lo intentaría en la vida real por miedo a las consecuencias XD)
—¿Lo has conseguido?
—Estoy esperando la confirmación.
Mientras tanto, el silencio perduraba en el pequeño paraíso turístico de Calp. Vigilado por su gigante de piedra, el Peñón de Ifach, esta ya más ciudad que pueblo vivía su temporada baja al estar en pleno invierno. Esto, por otra parte, no había evitado que dos de los conspiradores se reuniesen en el frío de la noche para ultimar los detalles de su plan.
—Muy bien. Mañana a mediodía. Esperará la señal.
El conspirador número dos se frotó las manos para aportar algo de calor a su cuerpo.
—Como no aparezca…
—Siempre lo hace. Vendrá.
El energúmeno al que hacían referencia no era otro que el heredero al trono de uno de los imperios comerciales de lo que podía llegar a considerarse parte de la Costa Blanca. Engreído, tacaño, irrespetuoso con sus empleados, había conseguido desatar la ira de más de uno de ellos. Ansiosos por hacerle probar una dosis de su propia medicina, aguardaban el momento oportuno para su venganza, en las sombras.
Dado que el actual dueño, y padre del que llamaban entre ellos el gilipollas, no era el culpable fichado ni, de paso, el resto de la familia, nuestros conspiradores no podían tomar represalias contra el negocio en sí. Tenía que ser una venganza sutil, acorde a cómo les hacía sentir: basura.
¿Y si los pillaban? Ya qué más daba. No era la primera vez que amenazas con despidos habían aparecido entre gritos y quejas. Así, al menos, se irían por la puerta grande, pero no antes de cantarle las cuarenta a este chulo playa de poca monta.
—Contacta a los demás. Mañana será el gran día.
***
—¡Tienes que subir los precios!
—Pero si subimos los precios, seremos más caros que la competencia y las ventas caerán.
El gilipollas miró con desgana a su empleado.
—Si vendieseis mejor, no ocurriría. Deja de quejarte y ponte a trabajar, so vago.
De so vago no tenía nada pues, gracias a él, las ventas de esta tienda en particular habían acabado en positivo a finales de mes. Pero ya no más. La hora había llegado.
Sacó su teléfono del bolsillo.
—Adelante.
Fase uno: Desconcentrar.
—¡Jefe! ¡Al teléfono!
Fase dos: Disimular.
Enganchar al primer cliente de turno y darle tema de conversación.
Fase tres: Disfrutar.
Llamada acabada, el recado encargado al heredero debía de ser, por lo visto, lo suficientemente urgente para que se lanzara a por las llaves, la cartera y saliese disparado hacia el aparcamiento.
—¡Mi coche!
Efectivamente. Ningún coche a la vista. En vez de ello, un cubo y una pala de plástico para niños, un cocodrilo hinchable, dos capazos de arena, un flotador, así como una pelota de playa. Todo ello, sin ningún olvido, repartido de manera estratégica.
—¡Mi coche!
Nada… salvo una nota, pegada a la espalda del cocodrilo hinchable que le aguardaba con amor.
La arrancó con desprecio.
Ahora podrás ir a jugar con los de tu edad.

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