Para Agus: Muere un poeta
(Historia más tradicional y corta. Espero que sea de tu agrado.)
Aquel primer baile…
Veré sin mirar. Oiré sin escuchar. Avanzaré sin… en
fin…
La música resuena en mis oídos. No es la misma que
la de aquel entonces. Se parece más bien a un… vals…
Uno, dos, tres… Uno, dos, tres…
Rozo uno de los cuadros con mis dedos. En él
vislumbro un campo de trigo en otoño. Me recuerda los últimos días soleados
antes de los vientos gélidos del invierno. Es simple… básico… como se supone
que debería ser. Pero… ¿Acaso lo fue? No estoy seguro.
Un poco más lejos observo la luna llena, solitaria
sobre unas montañas tragadas por la noche. Allí te acaricié… Allí te besé…
Siento frío, mas no debo detenerme. Aquí no… no
entre todas estas fotografías enmarcadas, imágenes de tiempos que ya se han
convertido en polvo por más que sigan ardiendo en mi corazón. El pasillo es largo.
No debo estancarme. No mientras siga brillando la vela donde camine.
Intento evitar los fantasmas del pasado que, con sus
rostros sonriendo, me retienen más de lo debido. Ojalá pudiese volver atrás en
el tiempo… pero no puedo. Les devuelvo la sonrisa. Es lo mínimo que puedo
hacer. Al fin y al cabo… ellos lo fueron todo para mí.
No debo llorar. Ya casi
he llegado.
Desde el umbral de mi habitación me vigila. No está
preocupada. Sabe que no voy a escapar de ella. ¿Cómo podría acaso hacerlo? Yo…
que tanto he escrito sobre sus hazañas y misterios... En vez de ello, me tiende
una mano. Qué bella es… y… en cambio… la he estado rehuyendo… hasta ahora.
—Lamento la espera.
Sus ojos dibujan las líneas de mis arrugas, lo que
no le impide responderme con ternura.
—No lamentes nada. Has sido puntual.
Se aleja lentamente de mí para señalarme la cama.
Preparada, como siempre, ya ha apartado las sábanas y las mantas. Ojalá no
pesasen tanto mis huesos… Quién sabe… de habernos encontrado hace unos años,
tal vez, esta escena hubiese sido diferente… pero ya no puedo. Las fuerzas me
están fallando.
Me ayuda a recubrirme. Quiere que disfrute de los
últimos atisbos de calor antes del gran viaje. Tengo miedo. Se me escapan las
palabras.
—¿Me va a doler?
Inclina la cabeza hacia un lado y niega con dulzura,
en silencio. No puedo resistirlo… Tengo que tocar su cabello… Tiemblo. Murmuro.
Ella se acerca. Parece tan joven… y yo tan viejo…
Respiro hondo. Aparto la lágrima de mi rostro.
—Estoy listo.
Hoy la muerte ha venido a verme. Me ha enseñado aquel primer baile, aunque, para qué insistir, no he podido acordarme de con
qué notas me tropecé. Me ha hecho recordar una vida llena de emociones y pasiones… una vida con la que, de ahora en adelante, soñaré.

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