martes, 12 de diciembre de 2017

Para Purplebeauty: Leyendas del cristal

Para Purplebeauty: Leyendas del cristal


(Este relato, aunque proveniente de un encargo, me parece muy filosófico. Dado el panorama del mundo hoy en día... En fin. Invito a todo el mundo a debatir, dar sus ideas al respecto, así como finales alternativos. Siempre es interesante escuchar la voz de otros.)




Era la hora de salir de sus escondites. Tenían que darse prisa pues el tiempo apremiaba… pero nadie, salvo ellos, ellas, lo sabían.

Con sus diminutas manos, empezaron a buscar entre los escombros. Apartaron piedras, quitaron cascos, retiraron banderas… La nacionalidad, el color de las pieles… Todo ello importaba muy poco… así como la sangre allí esparcida, la mayoría ya tragada por la tierra o mezclada con el polvo. 

Encontraron lo que necesitaban… aunque esto no evitó que algunos de ellos intercambiasen miradas de preocupación.

—No será suficiente.

Unos pocos agacharon la cabeza, perdidos en pensamientos oscuros. No era suficiente… ni eran los suficientes. No daban abasto ni lo darían. La situación no podía seguir así.

Se detuvieron. Suspiraron. Gritaron por dentro. 

Uno de ellos, más atrevido, levantó para la vista de todos su hallazgo. Pequeña… La llama entre sus dedos era demasiado pequeña.

Apretó la mano para encerrarla con cariño. La volvió a abrir al rato. Sobre su palma descansaba ahora un cristal de color arena. Brillante, cálido… minúsculo…

—¿Qué nos está pasando?

Como una sola mente, todos comenzaron a recordar las historias, las leyendas sobre el gran cristal… el cristal primigenio… el inicio de todo. Decir que el mundo fuese más sencillo por aquel entonces habría sido una enorme tontería dado que no existía mundo en sí por el que vagar. Todo llegaría más adelante… mucho más adelante… con la aparición de los titanes.

Nadie sabe a ciencia cierta de dónde llegaron o cómo entraron en contacto con el cristal. Por ello se llaman leyendas. Eso sí, lo que sí que se sabía era que, gracias a ellos, surgió la mismísima existencia. A lo mejor no tal cual la conocemos hoy en día… pero iniciaron el proceso. ¿Cómo? A base de mordiscos, dientes gigantes lo bastante afilados para atravesar la materia más dura y hacer añicos aquella fuente de energía aún por aprovechar. De su alimentación, de las migajas esparcidas aquí y allá, brotaría el ciclo de la vida. De ello nacería la humanidad.

Sin embargo, como todo ciclo, toda cadena alimenticia, aquello que surge de un ser, por pequeño que sea, al ser ha de regresar… de una manera u otra. Los titanes habían dado la vida… pero de la vida se tenían que seguir alimentando para crear más, dar lugar a más. Allí aparecerían ellos. Su inicio. El inicio de los recolectores. Aquellos encargados de sintetizar el polvo de cristal de aquellos cuya mente ya se había distanciado del cuerpo para solidificarlo y transformarlo en alimento. Cristales de colores… según la preferencia de cada titán.

Un nuevo suspiro general se hizo escuchar. La situación había cambiado… y eran demasiado conscientes del hecho. Aquella tarea que se les había encomendado de eso hacía ya tantísimos años y que habían realizado con tanto ahínco ya no era posible. La humanidad misma lo había hecho imposible.

Si bien se creería que los titanes serían los únicos capaces de romper o recomponer cristales, poco se intuiría que los humanos, seres inferiores, serían capaces de realizar lo mismo, aunque a su manera. ¿De qué manera? La más destructora. Rompiendo y volviendo a romper los cristales una y otra vez para dar más vida, ser más, aumentar la familia.

«Antes era más fácil… Más… simbólico. Más bonito.»

—Son demasiados… y nosotros muy pocos.

Se taparon todos los oídos de repente. Ese sonido… ese estruendo… los desgarraba por dentro. El hambre… el gruñido del estómago del titán de tierra… y no tenían con qué alimentarle. No con el tiempo que tenían. No con las manos reducidas en número que eran.

—Otro terremoto está de camino.

Y otros llantos se elevarían al cielo llorando a los perdidos. Más sangre… más polvo… más todo.

Guardó el cristal en la bolsa que colgaba de su cintura e indicó a los demás que reanudasen la actividad. No cabía la desesperación en sus planes. No podía caber. Hasta el final… hasta cuando ya no serían capaces de frenar las lágrimas del titán de agua que gritaría famélico e inundaría las tierras, la ira del titán de fuego que haría brotar las llamas y la lava de su interior dando lugar a la sequía y la desertificación… Los huracanes del titán de viento…

Tenían que seguir recolectando, dando igual lo diminutos que fuesen los frutos de la cosecha. Era lo que había. Ellos no podrían cambiarlo.

Solo unas palabras más interrumpirían el silencio que se impondría entre las rocas y el olvido. Un par de palabras más…


—Necesitamos ayuda.

2 comentarios:

  1. Lamento ser algo severo, pero esto más que un relato es un acertijo, porque no se sabe de qué va. Por alguna razón creemos que escribir consiste en "jugar con las palabras", y esperar que el lector adivine nuestro juego. A ese estilo lo llamamos "creativo", pero no hay nada más fácil que hacer complicado lo que es sencillo, ni nada más difícil que hacer sencillo lo que es complicado. Creo que malgastas tu talento. Prueba a ser más simple y contar historias sin jugar con las palabras.

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  2. Agradezco sus palabras con cariño. Aun así, debo diferir, ya que la literatura es un campo muy amplio que permite una expresión libre y creativa. Este texto va dedicado a alguien en particular que me hizo un encargo. Si no está contento con su contenido, pase a otra historia. No se estanque en lo que no le gusta y ponga una crítica negativa solo para sentirse satisfecho consigo mismo. Y sí, contar historias es jugar también con las palabras. No todo a de ser blanco o negro.

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