lunes, 6 de febrero de 2017

Para Nekotomaru: Un paseo por el parque

Para Nekotomaru: Un paseo por el parque


(Aquí tienes una historia slice of life sobre dibujantes de homoerótica y con animales antropomórficos XD) 





Neko dejó caer el libro sobre sus piernas con un suspiro.

Nada. Nada de nada.

Ni siquiera el formato papel, ya tan anticuado para la época, desbloqueaba su creatividad.

Todo ello no podía caer en peor momento. La fecha de entrega se acercaba… y ni una sola idea. Ni siquiera un atisbo de… lo que fuera…

Se frotó los ojos antes de dirigir su mirada a JP, tirado en el suelo, jugueteando con su iphone 426. Qué fácil era la vida de los humanos… o al menos ahora lo era, dada la degeneración de la especie. Lo envidiaba. Ojalá pudiese volver a los tiempos de antaño en que todo se limitaba a una pelota, una comida asegurada y un hogar al que pertenecer…

Sacudió la cola como muestra de frustración. No podía permitirse un minuto más de vaguería, pérdida de tiempo, como quisiese llamarlo. Sus diseños tenían que estar listos lo antes posible y no había más vuelta de hoja.

La homoerótica le encantaba. Después de todo, tras haber acabado sus estudios de Bellas Artes, e incluso antes, ya había conseguido algún que otro trabajillo relacionado con el tema. Muchos consideraban sus aficiones parecidas a las de un pervertido, pero, no podía importarle menos. Su amor por la anatomía canina, en particular la masculina, no podía ser reprimida. ¿Por qué entonces no sacar provecho de sus gustos? 

Ahora bien, cuando el encargo era de un personaje femenino… Nada podía darle más asco que dibujar unos paños menores del sexo opuesto… o lo que tuviesen debajo…

Volvió a derrumbarse en su asiento. Tantos escenarios, tramas… y, de repente, nada… Como si se hubiese secado el pozo de la inspiración. Por más que sus amigos le aconsejasen tomárselo con calma, las horas seguían avanzado, lo cual ya empezaba a afectar sus horas de sueño y comidas. Necesitaba algo… ver más… vivir más… o simplemente sentir… aunque solo fuese el aire…

—Aire…

¿Por qué no? Un paseo tampoco le vendría tan mal. Y con paseo no se refería a dar una vuelta con JP hasta la esquina más próxima para que hiciese sus necesidades. Necesitaba ir más lejos. 

Ver «más» cosas. Más allá.

—JP. Nos vamos.


***


Le desabrochó la correa y soltó al humano para que correteara por el césped. Neko no era precisamente un perro diurno, pero, por hoy, podía hacer una excepción. El otoño, ya bien avanzado, había repartido aquí y allá puñados de hojas de diferentes colores. Un decorado precioso, salvo para JP que no parecía estar interesado en las mismas prioridades. Un par de hembras, no mucho más lejos, habían captado su atención. No había de qué preocuparse, ya que el humano había sido castrado con anterioridad. Además, al ser de categoría «tecnológico», no era propenso por genética a las peleas. Una preocupación menos.

Neko siguió andando, lentamente, observando a su alrededor. Árboles, naturaleza… nada que no hubiese ya reflejado en mil y una viñetas en blanco y negro o color.

Ya sabía él dónde estaba su problema. En realidad… lo sabía desde hacía tiempo… solo que no quería admitirlo.

No era cuestión del encargo en sí. Era una falta de objetivo propio. Una falta de marca personal. Algo que lo diferenciase de los demás. Cierto era que le encantaba la homoerótica, pero… haciendo lo que hacía… sentía, en sí mismo, que no se diferenciaba mucho del trabajo de un joven cachorro hembra con las hormonas alocadas en busca de dos nuevas víctimas, o más, a las que juntar para recrear su escenario perfecto del apareamiento entre seres del mismo sexo. ¿Ponerse a dibujar unicornios de colores con alto contenido erótico? El concepto ya había sido utilizado y reutilizado hasta la saciedad. 

Necesitaba algo nuevo… algo… diferente.

—¡JP! ¡Vamos!

El humano acudió sin rechistar y pasó de largo para alcanzar horizontes más entretenidos que su amo medio amargado.

—Cuánta felicidad…

Ojalá se le hubiese permitido, a él, hacer lo mismo. Correr así… sin más… Sin nada que le retuviese. Quitarse la ropa, dejarse llevar por el ambiente y solo parar una vez cansado. Aun así, dado el maldito protocolo, la decencia que mantener en sociedad, le era imposible tal libertad. Esta zona no estaba precisamente deshabitada y no era el único paseante allí presente en busca de tranquilidad, o lo contrario, actividad para su mente. Le internarían o, incluso, encarcelarían de atreverse a deambular por allí aunque fuese con un taparrabos. 

Ropa… Entendía, comprendía el hecho, la necesidad de llevarla durante las épocas frioleras del año… pero… era una estupidez. ¿Evitar pensamientos impuros? Él no necesitaba una máquina de rayos X para ver más allá de la tela y sus botones. Cuerpo, figura… incluso el olor de sus pieles… Podía imaginarlo, visualizarlo todo… seguramente por culpa de su trabajo.

Ojalá fuese todo más fácil…

Ojalá no hubiese nacido en este cuerpo tan limitado, por más beneficios que tuviese…

Ojalá pudiese haber sido… ¿humano?

Fue entonces cuando la chispa se encendió en su cabeza. ¿Por qué no? Cosas más raras se habían escrito, dibujado hasta la fecha. ¿Podría categorizarse de… pornografía? ¿O zoofilia? No estaba precisamente pensando en un cruce de especies, sino… en una caninanización de los humanos. Si los unicornios habían sido mancillados, ¿por qué no…? Aportarles, devolverles unos rasgos más responsables, de libre albedrío… La de historias que podrían derribar de ello…

¿Le llamarían enfermo, loco? ¿En esta sociedad donde no tienen vergüenza alguna en pasar contenido adulto durante el horario infantil y los políticos retuercen el país a sus anchas? Seguramente… pero… la idea era atractiva. Podría empezar con un contenido ligero… e ir profundizando con el tiempo. ¿Quién sabe? ¿A lo mejor gente, en el futuro, se volvería fan de este nuevo movimiento?

Acarició suavemente la cabeza de su humano.

¿Qué es la locura sino una nueva manera de ver la vida?

Le sonrió. Esto no solucionaría el problema de su encargo, pero, al menos, le daría una dirección por la que seguir. Ser humano… Convertir a sus personajes en humano… ¿Por qué no?

—Añadámosle locura a este planeta.

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